Por fin se acerca el invierno.
Hecho de menos esas tardes de domingo con los colegas, cuando fuera hace un frío que te pela hasta el alma. Pero dentro tienes tu café, el tapete verde de las cartas, duples altas en tu mano del mus. Mmmm...
Vas preparándote para otra larga semana. Que sólo por estar 2 horas allí te sera más llevadera:
Entrarás y harás lo de cada domingo a las 7:
Te acercarás a la barra y antes de que digas nada...
-¿Lo de siempre?
No hace falta decir nada más.
Y mientras tomas sitio con tus colegas en completo silencio, te quitas el abrigo, guantes, gorro, etc. El camarero vendrá con los 4 cafés, las cartas y el tapete.
El bar está bañado por tenue luz amarilla, acogedora. Y el aire tiene ese suave tinte gris del humo del tabaco.
Y la primera palabra que sale es de un colega mientras se frota la nariz roja del frío. Apenas un susurro dirigido al camarero. Nuestro camarero, el de siempre.
-Gracias Juan.
No hace falta decir nada más. Jugamos en silencio, mas tarde abrirá la conversación.
A pesar del silencio el bar está lleno. Pero no hay mujeres, ni gente ruidosa, ni niños. Sólo gente como nosotros, tal vez por eso vamos siempre ese bar. Un tipo de unos 30 lee un periodico mientras toma un whiskey, otro esta en una esquina oscura en completo silencio fumando y disfrutando de una cerveza, tambien en silencio. En la barra un tipo de unos 40, levanta el dedo para indicar a Juan que necesita otra, cuando se la dan se queda mirando el vaso con aire ausente. A saber que palo le ha dado la vida esta semana.
A la media hora de jugar, miro al hombre de la barra otra vez. Giro la cara hacia la mesa, doi un sorbo a mi café y digo en un tono débil:
-Tios...
Y me dispongo a contar los marrones de la semana a mis colegas, y ellos escuchan mientras aguardan su turno para exponer los suyos. Y al haber terminado todos, el bar vuelve a sumirse en el completo silencio. Volvemos a las cartas.
El hombre de la barra ya se ha ido, nosotros seguimos jugando.
Digging My Potato-The Seatbelts